¿En qué época te gustaría vivir?

La respuesta no suele ser una época aburrida, sino una donde suceden muchas cosas, tiempos convulsos, algún momento de cambio, un nudo en la historia. Quizá respondas la revolución francesa. O el fin de la edad media. O mayo del 68. O cuando surge el Imperio Romano. Ahora voy a provocarte un poco. Si vivieras entonces, igual ni veías a Julio César, ni siquiera para eso saldrías de tu terma. Y mayo del 68 lo verías en la tele, mientras furfullabas: así no, así no, así no…

No sé si te has dado cuenta, pero en nuestro caso se está cumpliendo la vieja maldición china: «Ojalá que vivas tiempos interesantes». No voy a enumerar las incomodidades, los dramas, las tragedias que esto supone. Seguramente tú también las estás viviendo. Pero ¿y lo otro? Quizá lo estás pasando por alto.

En los tiempos en los que hemos tenido la maldita suerte de vivir estamos rodeados de médicos que atienden a inmigrantes sin papeles, cerrajeros que se niegan a participar en más desahucios, vecinas que convierten una oficina bancaria abandonada en un comedor social, jueces que se niegan aplicar las nuevas tasas, personas que ponen en marcha una red alternativa de bienes y servicios, ciudadanos que renuncian a ser representados por la marca España y su Gobierno, policías que se juegan el puesto por defender las movilizaciones ciudadanas, periodistas que promueven cooperativas para desarrollar una información más social, etc etc etc etc.

Como sugirió Dickens en su Historia de dos ciudades, nuestra época «es el mejor de los tiempos, es el peor de los tiempos. Es la edad de la sabiduría, y también de la locura. Es la época de la fe, y también de la incredulidad, la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación».

Aún estamos a tiempo. Todavía podemos decidir qué ciudad queremos habitar, ayudar a que crezca y se fortalezca. No hay un día cero donde todo cambia. Hay minutos, meses, años en los que todo está cambiando. Donde todo lo estamos cambiando. La cáscara es lo primero que se ve, pero lo último que cae. La cáscara es donde todos se fijan, mientras estamos royendo por dentro. La cáscara es lo menos importante.

Y volvemos a la pregunta: ¿en qué tiempos queremos vivir?

 

Nota al pie de página patrocinada por Woody Allen: «Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mis días».

 

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